Último Minuto
FIN DEL PLAZO --> Ampliación postulación ... - Martes, 21 Noviembre 2017 15:34
Postula al Programa Institucional de ... - Miércoles, 22 Noviembre 2017 15:26
​Seminario en liderazgo y Comunicación ... - Viernes, 10 Noviembre 2017 11:19
Psicología UTA: Información ... - Jueves, 09 Noviembre 2017 11:57
V Feria Laboral - Jueves, 09 Noviembre 2017 11:29
YVES SIOUI - Artista Indígena Canadiense ... - Domingo, 05 Noviembre 2017 17:48
Conversatorio candidatos Parlamentarios ... - Martes, 24 Octubre 2017 13:48
Ps. Aprendizaje: Entrega Notas II Control - Lunes, 23 Octubre 2017 16:12
Postulación: Prácticas profesionales - Martes, 17 Octubre 2017 13:52
Proceso de eliminación de asignaturas, ... - Lunes, 16 Octubre 2017 10:23
J. Cristóbal Juffe V.

J. Cristóbal Juffe V.

25 Julio 2015

Hubo un tiempo, antes de los smartphones, en que las personas usaban aplicaciones de mensajería (chat): MSN, ICQ, IRC, Google Talk, Facebook, Skype, etc, etc, etc.

 

Como cada chat requería su propia aplicación los computadores se sobrecargaban de iconos, notificaciones y aplicaciones corriendo en memoria.

 

Para solucionarlo surgieron aplicaciones multi-cliente: Es decir, una aplicación donde podías acceder a todos los sistemas de chat de una sola vez, lo que solucionó el problema hasta la aparición de los smartphones.

 

Aquí el problema comenzó nuevamente: Hay amigos con los que te comunicas por SMS, con otros por WhatsApp, otros por Lime, Telegram, Skype, Facebook Messenger, Google Hangouts, etc, etc. Otra vez tenemos 20 aplicaciones distintas corriendo en el teléfono, usando batería y llenando la pantalla de notificaciones, cabezas flotantes o sonidos repetitivos.

 

Para solucionar esto surge: Disa, la aplicación de mensajería unificada.

 

Por el momento está disponible para android, pero promete estar pronto para iOS (iphone y amigos)

 

¿Cómo funciona?

 

Simplemente instalas la aplicación y activas los sistemas de chat que deseas usar.

 

En el sistema vienen solo unos pocos, pero hay varios desarrollados por la comunicada que se pueden descargar y activar desde la comunidad en Google+

Es bastante sencillo de configurar y permite tener todas las conversaciones en el mismo lugar, por lo que se pueden desinstalar todas las otras aplicaciones (no se recomienda tener instalado disa y las otras aplicaciones a la vez, ya que se duplican las notificaciones y en el caso de WhatsApp solo puedes tener activa una de las dos)

 

Beneficios:
- Solo instalas los “plugin” de las aplicaciones que deseas
- Ahorras bateria
- Puedes unificar las conversaciones de un contacto en un solo canal, a pesar de que te comuniques a través de diferentes medios.
- Puedes respaldar toda la información en tu cuenta de google drive.
- Gratuita

 

Un muy buen proyecto que nos permite “despejar” un poco nuestros telefonos.

 

Sitio oficial de Disa
http://www.disa.im/


Saludos,
J. Cristóbal Juffe V.

26 Julio 2015

He conocido a mucha gente valiosa que dedica su tiempo a luchar contra la corriente. Parte importante de la energía de mi propia vida la he gastado así. Pero existe la alternativa que consiste en nadar con la corriente. No es conformismo, no es aceptar cualquier corriente, sino aprender a mirar las señales.

Un cuento para este último viernes de febrero:

Obstáculos 

Jorge Bucay

Voy andando por un sendero.

Dejo que mis pies me lleven.

Mis ojos se posan en los árboles, en los pájaros, en las piedras. En el horizonte se recorta la silueta de una ciudad.

Agudizo la mirada para distinguirla bien.

Siento que la ciudad me atrae.

Sin saber cómo, me doy cuenta de que en esta ciudad puedo encontrar todo lo que deseo. Todas mis metas, mis objetivos y mis logros. Mis ambiciones y mis sueños están en esta ciudad. Lo que quiero conseguir, lo que necesito, lo que más me gustaría ser, aquello a lo cual aspiro, o que intento, por lo que trabajo, lo que siempre ambicioné, aquello que sería el mayor de mis éxitos.

Me imagino que todo eso está en esa ciudad. Sin dudar, empiezo a caminar hacia ella. A poco de andar, el sendero se hace cuesta arriba. Me canso un poco, pero no me importa.

Sigo. Diviso una sombra negra, más adelante, en el camino. Al acercarme, veo que una enorme zanja me impide mi paso. Temo... dudo.

Me enoja que mi meta no pueda conseguirse fácilmente. De todas maneras decido saltar la zanja. Retrocedo, tomo impulso y salto... Consigo pasarla. Me repongo y sigo caminando.

Unos metros más adelante, aparece otra zanja. Vuelvo a tomar carrera y también la salto. Corro hacia la ciudad: el camino parece despejado. Me sorprende un abismo que detiene mi camino. Me detengo. Imposible saltarlo. Veo que a un costado hay maderas, clavos y herramientas. Me doy cuenta de que está allí para construir un puente. Nunca he sido hábil con mis manos...

Pienso en renunciar. Miro la meta que deseo... y resisto.

Empiezo a construir el puente. Pasan horas, o días, o meses. El puente está hecho. Emocionado, lo cruzo. Y al llegar al otro lado... descubro el muro. Un gigantesco muro frío y húmedo rodea la ciudad de mis sueños...
Me siento abatido... Busco la manera de esquivarlo. No hay caso. Debo escalarlo. La ciudad está tan cerca... No dejaré que el muro impida mi paso.

Me propongo trepar. Descanso unos minutos y tomo aire... De pronto veo, a un costado del camino un niño que me mira como si me conociera. Me sonríe con complicidad.

Me recuerda a mí mismo... cuando era niño.

Quizás por eso, me animo a expresar en voz alta mi queja: -¿Por qué tantos obstáculos entre mi objetivo y yo?

El niño se encoge de hombros y me contesta:

-¿Por qué me lo preguntas a mí? Los obstáculos no estaban antes de que tú llegaras... Los obstáculos los trajiste tú.

02 Junio 2015

Chile está entre los países con mayor número de conflictos socioambientales, y no es extraño, ya que la gigantesca cantidad de proyectos mineros, termoeléctricos e industriales en general que se planifican sin ningún respeto por el medio ambiente ni las personas que los habitan es realmente grande. Por suerte, las comunidades ya han aprendido a reaccionar.

Les comparto aquí la historia del Panul, escrita por mi y publicada en Junio de 2012 en Revista Somos. En el momento del artículo la batalla iba bien, sin embargo en la actualidad se han tomado medidas a nivel municipal que están permitiendo la destrucción del bosque.

 

Salvando El Panul, el último bosque nativo de Santiago

Los ciudadanos de La Florida y la “Red de Defensa de la Precordillera” no se han quedado de brazos cruzados al ver cómo un megaproyecto inmobiliario amenaza con destruir el último bosque nativo de la comuna y de la ciudad.

Por J. Cristóbal Juffe V.
Fotografías: Jorge Bravo de la Carrera

 

La destrucción se nos ha hecho costumbre; no solo se ha transformado en un daño colateral, sino en el objetivo mismo de lo que comúnmente llamamos progreso.

 

La idea de crecimiento económico como única alternativa de desarrollo se ha naturalizado de tal manera que cada día vemos, sin ninguna sorpresa, cómo perdemos definitivamente ecosistemas completos para obtener un leve beneficio económico: Para ganar simplemente dinero, unos trozos de papel que nosotros mismos imprimimos.

 

En las ciudades, podemos ver desaparecer parques para construir edificios, pero nunca veremos lo contrario. Y nos parece natural.

 

La noción de conservación de nuestro medioambiente es actualmente un último recurso extremo. Solo se declarará protegida una zona cuando sea la última de su especie, al igual que pasa con los animales, que son libremente arrasados hasta que llegan al aberrante límite del “peligro de extinción”. Pero incluso hay personas sin escrúpulos que no respetan esa última etiqueta de emergencia. Ambición incontenible que ha llevado a miles de especies animales y vegetales a la desaparición.

 

Hace poco tiempo me enteré de la discusión que mantenían las comunidades científicas respecto a la publicación del descubrimiento de nuevas especies, en la que llegaban a la conclusión que no debían informar sobre el lugar donde se había hecho el descubrimiento, ya que cada vez que lo hacían aparecían los cazadores de especies exóticas que aniquilaban a la nueva especie con tal de llevarse un “souvenir”.

 

Y la idea de los cazadores nos parece aberrante, pero esto sucede cada día ante nuestros ojos, y en la misma Región Metropolitana tenemos una lucha en proceso, el caso del último bosque de Santiago: El Panul.

 

Ubicado en la precordillera de la comuna de La Florida, dentro del radio urbano, el fundo El Panul y su bosque contienen varias especies en categoría de conservación (ver recuadro), que los últimos años se han encontrado en riesgo por un plan inmobiliario que pretende la construcción de más de 1.300 viviendas en dicho lugar.

01

Estefanía González, una de las caras visibles del movimiento de defensa de El Panul, en una visita al bosque junto a la comunidad para dar a conocer las cualidades del lugar

 

Características únicas

El bosque El Panul es de tipo esclerófilo, que se da en solo cinco lugares del mundo y tiene la cualidad de adecuarse a un clima seco, como el de la Región Metropolitana, manteniendo sus hojas verdes durante todo el año. Si bien no encaja perfectamente con el imaginario de un bosque tupido de árboles, el esclerófilo tiene una gran variedad de especies vegetales y animales, entre los que podemos encontrar al pequén, la loica, el zorro, la culebra de cola corta, la iguana chilena, pájaros carpinteros, la mariposa del chagual, litre, quillay, espino, bollén y guayacán, entre otras.

 

El Panul se encuentra a solo minutos de caminata del paradero de micros y cumple múltiples funciones irreemplazables.

 

A nivel social, el sector es un espacio de encuentro con la naturaleza, ideal para la práctica de deportes al aire libre, de paseo familiar o de formación escolar, ya que permite a las escuelas contar con un lugar dentro del radio urbano donde observar un ecosistema vivo en funcionamiento.

 

A nivel medioambiental, las funciones que cumple el bosque son aun más vitales: Es un pulmón verde para la ciudad más contaminada del país, donde cientos de niños y ancianos mueren anualmente por enfermedades respiratorias derivadas de la contaminación del aire.

 

Es una barrera natural para el agua y los aluviones, infiltrando agua a las napas subterráneas. Asimismo, las raíces impiden el movimiento de tierra, y si uno visita el lugar podrá ver las rocas de más de un metro de diámetro en las bases de los árboles, las que habrían llegado a las viviendas si estos no las detuvieran, lo que nos recuerda al trágico aluvión de la quebrada de Macul, ocurrido hace casi 20 años y que dejó una imborrable marca de 26 personas muertas, 8 desaparecidos y más de 32 mil damnificados.

 

Además, el bosque cumple una función de regulación de la temperatura, ya que el aire caliente de la ciudad sube durante las tardes hasta el bosque, donde se reduce la temperatura, retornando al atardecer como una brisa refrescante altamente necesaria, ya que la comuna de La Florida presenta uno de los índices más altos de temperatura de toda la ciudad en las épocas de primavera y verano.

 

Y lo más maravilloso de todas estas funciones que cumple el bosque es que no requiere de ningún tipo de intervención; las hace sin gasto energético para nosotros, solo necesita que lo dejemos funcionar en paz.

 

02

El proyecto inmobiliario

El fundo El Panul perteneció históricamente a la Universidad de Chile, ya que ahí funcionaba el Instituto Bacteriológico. Durante la dictadura, el terreno fue rematado en un llamado al que -curiosamente- llegó solo un ofertante: Vicente Navarrete, consejero de la Sofofa, el exportador de gas más importante del país y amigo personal de Augusto Pinochet. Este habría adquirido el terreno de 540 hectáreas por el precio equivalente a lo que costaba una citroneta en esa época.

 

En la actualidad, la familia Navarrete pretende la instalación de un proyecto inmobiliario de más de 1.300 viviendas, que implica arrasar con más de 200 hectáreas de bosque, incluidas las especies en categoría de conservación que ahí habitan.

 

A pesar de ser un proyecto ilegal desde la normativa ambiental, el terreno -según el plan regulador comunal de La Florida- se encontraría en un espacio definido como urbano, permitiendo la construcción de un proyecto inmobiliario de este tipo, por lo que la inmobiliaria ha usado este argumento para pedir los permisos correspondientes a la Municipalidad.

 

04

El bosque esclerófilo se da en solo cinco lugares en el mundo.

 

La defensa

Desde el año 2005 los vecinos de la comuna, junto a numerosos ciudadanos conscientes y comprometidos coordinados en la Red por la Defensa de la Precordillera, han realizado todo tipo de acciones y manifestaciones para recuperar y salvar este bosque.

 

La batalla ha sido larga y no se alcanza a detallar por completo en estas páginas, pero ha sido una causa que paulatinamente ha ido contagiando a más personas, que ven en este terreno la oportunidad de revertir nuestro acostumbramiento a la destrucción como la posibilidad de dar vuelta atrás a esta tergiversación de valores, para que la vida de un ecosistema vuelva a valer más que un par de billetes.

 

Ha sido una pelea agotadora, donde han visto retroceder cada paso avanzado con esfuerzo, y donde las instituciones públicas han cedido a los intereses económicos por sobre el interés de la ciudadanía en reiteradas ocasiones. Se ha visto a un concejal que, después de tres años de manifestar su apoyo a la defensa de El Panul, a menos de un mes de haber asumido como alcalde, da su aprobación al anteproyecto inmobiliario, cediendo a presiones de la Seremi. Hemos visto cómo la inmobiliaria a cargo del proyecto presenta un escueto estudio de impacto ambiental que omite la presencia de especies protegidas en la zona y que, luego de ser rechazado, vuelve a ser presentado sin modificaciones. Se ha visto el apoyo de los concejales de la comuna a la modificación del plan regulador comunal y, sin embargo, ha pasado casi un año sin que se tome ninguna medida al respecto.

 

Pero, también se ha visto a cientos de adultos y jóvenes marchando por las calles, realizando todo tipo de manifestaciones, de estudios ambientales, buscando en las complejas leyes de nuestro país los elementos que ayudarán a salvar a este bosque. La ciudadanía de la Florida ha votado en una consulta popular declarando, con un 98% de aprobación, que está de acuerdo con que se realicen las acciones necesarias para conservar el último bosque urbano. Hombres y mujeres vigilan el bosque día a día para evitar que se inicien las obras ilegalmente, para que no se transforme en un receptor de basura de los otros negocios que tiene la familia Navarrete y para que los visitantes no erosionen el lugar. Se han realizado centenares de caminatas y paseos organizados por la Red de Defensa de la Precordillera para que las personas conozcan y aprendan a cuidar el lugar. Se ha visto a decenas de humanos conscientes con su medioambiente que, a pesar de haber sido derrotados una y otra vez por la burocracia y los intereses económicos, siguen levantándose porque creen que todavía podemos salvar a esta ciudad.

 

05

El bosque esclerófilo tiene la característica de mantenerse verde y vivo en lugares con solo tres meses de lluvia al año, o incluso menos, como ocurre en Santiago.

 

Un bosque no se planta

Obviamente, la inmobiliaria no solo propone arrasarlo todo. Propone que algunos árboles queden protegidos dentro del proyecto, en sus plazas o jardines. Propone plantar un bosque que sea equivalente a lo destruido, pero en las afueras de Santiago. No comprende que un bosque no se planta.

 

Un bosque es un ecosistema complejo, que logra mantenerse en equilibrio a pesar de los cambios climáticos, de la cantidad de agua disponible y de los variables factores medioambientales. El bosque esclerófilo de El Panul no necesita ser regado; al contrario, captura agua para Santiago. En cambio, los mal llamados bosques, consistentes en plantaciones uniformes de árboles de poca diversidad, no logran mantenerse solos, requieren de cuidados y de riego, es decir, gastan agua, un recurso que paulatinamente se está haciendo escaso en muchas zonas de nuestro país.

 

Un bosque real es un espacio para el nacimiento y el desarrollo de múltiples especies vegetales y animales, mientras que un montón de árboles plantados tiende a empobrecer el suelo y da espacio para muy poco desarrollo de especies en su interior.

 

Por lo tanto, no basta con remplazar un árbol con otro árbol, porque la vida no es intercambiable. Por ello, las propuestas de compensación son completamente absurdas, y los resultados son evidentes: Más de un tercio de los bosques plantados en proyectos de este tipo terminan transformándose en aéreas grises.

 

06

Los arboles sirven como barrera natural frente al agua y las piedras, reteniendo rocas de gran tamaño que llegarían a la ciudad si el bosque fuera eliminado.

 

El Panul hoy

En la actualidad, la lucha no ha terminado, pero por el momento se encuentra en una tregua, ya que finalmente se rechazó el estudio de impacto ambiental realizado por Gesterra, la inmobiliaria involucrada, y no se aceptó su apelación. Por otra parte, aun no se efectúan los estudios necesarios para poder cambiar el plan regulador de la comuna, y hasta el momento en que se escriben estas líneas no se han comenzado los trámites para la modificación. Porque el objetivo de la Red de la Defensa de la Precordillera es transformar el bosque de El Panul en un bosque público, es decir, que el Estado realice una expropiación del terreno para que se transforme en un espacio abierto para la comunidad pero que cuente con los cuidados necesarios para la conservación del bosque, ya que las personas y sus pocos hábitos de cuidado de la naturaleza también son una serie amenaza para éste (ver recuadro).

 

Si bien gran parte de este proceso ha sido impulsado por los vecinos de la comuna, esta batalla nos incumbe a todos, como santiaguinos, como chilenos, como humanos, porque es un punto más en esta guerra sin fin del bosque contra el cemento.


Si deseas más información, puedes unirte a través de la página: www.redprecordillera.cl/

 


Recuadro: Especies en conservación

Dentro del bosque El Panul es posible encontrar 3 especies que se encuentran bajo alguna categoría de conservación:

 

El Guayacán: Un árbol que se encuentra bajo la categoría de “vulnerable” desde la IV a la VIII región.

 

Bollén: Un arbusto nativo que se encuentra en la categoría de “raro”, por lo que está protegido en la Región Metropolitana.

 

Flor de Gallo: Una planta con bellas flores anaranjadas, que está categorizada como “vulnerable” desde la IV a la VIII región.

 

Estas tres especies se encuentran en diversos sectores del bosque El Panul, pese a que el proyecto inmobiliario ha tratado de negar su existencia.

 

07

La flor del guayacán, a punto de florecer.


Recuadro: “Salvemos al Panul de nosotros mismos”

Una de las acciones claves para salvar al bosque fue la realización de campañas de difusión y organización de excursiones para que los habitantes de la comuna lo conocieran, lo que sirvió indudablemente para que las personas valoraran la importancia del lugar; sin embargo, el aumento de visitas descuidadas ha puesto en riesgo al bosque, tanto por la erosión excesiva que provocan las motos y bicicletas como por la basura que dejan muchos visitantes.

 

Por ello, si vas a visitar El Panul, es importante que tengas las siguientes consideraciones básicas: No dejes basura en el lugar, transita solo por los senderos principales, no hagas fogatas por ningún motivo, no cortes ramas ni arbustos y, sobre todo, preocúpate de dejar el lugar tal como lo encontraste.

03 Junio 2015

A pesar de que las canciones y poemas románticos nos atraen con la idea de “Sin ti me muero”, esta no necesariamente es la mejor manera de asumir una relación.

 

Les dejo un trozo (son unos 4 minutos) de una entrevista a Joan Garriga, psicólogo especializado en constelaciones familiares, presentando su libro “el buen amor en la pareja”. Les recomiendo la entrevista completa, pero pueden empezar por el trozo seleccionado:

 

 

Y si les interesa, obviamente les recomiendo ver la entrevista completa:

https://www.youtube.com/watch?v=Ud38y-G-SWI

Saludos,

J. Cristóbal Juffe V.

19 Agosto 2015

Hasta el cansancio insistí a mis amigos diciendo “¡Youtube no es un reproductor de música! Hay muchos sitios de streaming que son mejores para hacer listas, que tienen mejor calidad y que más encima no tienen publicidad...

20 Febrero 2015

Pocos desafios en la vida están al nivel del enfrentamiento con la locura. Desde la infancia construimos, a través de la razón, una realidad estable en un mundo constantemente cambiante.

 

La locura lo amenaza todo.

 

No es raro que la forma más habitual de enfrentarse (o no) al tema sea la evitación. Nadie quiere asumir que un ser querido está loco, hasta que el asunto ya es inevitablemente evidente.

 

La locura no es bonita. No es el “loco” de los cuentos, que más bien corresponde a una persona creativa e incomprendida, sino que la locura tiende a ser lúgubre, despiadada, un loop interminable de culpas, rabias, miedos y dolor.

 

Un cuento para este viernes:

 

La Tercera Orilla Del Río

 

João Guimarães Rosa

Nuestro padre era hombre cumplidor, de orden, positivo; y así había sido desde muy joven y aún de niño, según me testimoniaron diversas personas sensatas, cuando les pedí información. De lo que yo mismo me acuerdo, él no parecía más raro ni más triste que otros conocidos nuestros. Sólo tranquilo. Nuestra madre era quien gobernaba y peleaba a diario con nosotros -mi hermana, mi hermano y yo. Pero sucedió que, cierto día, nuestro padre mandó hacerse una canoa.

 

Iba en serio. Encargó una canoa especial, de madera de viñátigo, pequeña, sólo con la tablilla de popa, como para caber justo el remero. Pero tuvo que fabricarse toda con una madera escogida, fuerte y arqueada en seco, apropiada para que durara en el agua unos veinte o treinta años. Nuestra madre maldijo la idea. ¿Sería posible que él, que no andaba en esas artes, se fuera a dedicar ahora a pescatas y cacerías? Nuestro padre no decía nada. Nuestra casa, por entonces, aún estaba más cerca del río, ni a un cuarto de legua: el río por allí se extendía grande, profundo, navegable como siempre. Ancho, que no podía divisarse la otra ribera. Y no puedo olvidarme del día en que la canoa estuvo lista.

 

Sin pena ni alegría, nuestro padre se caló el sombrero y nos dirigió un adiós a todos. No dijo otras palabras, no tomó fardel ni ropa, no hizo ninguna recomendación. Nuestra madre, nosotros pensamos que iba a bramar, pero permaneció blanca de tan pálida, se mordió los labios y gritó: “Se vaya usted o usted se quede, no vuelva usted nunca”. Nuestro padre no respondió. Me miró tranquilo, invitándome a seguirle unos pasos. Temí la ira de nuestra madre, pero obedecí en seguida de buena gana. El rumbo de aquello me animaba, tuve una idea y pregunté: “Padre, ¿me lleva con usted en su canoa?”. Él sólo se volvió a mirarme, y me dio su bendición, con gesto de mandarme a regresar. Hice como que me iba, pero aún volví, a la gruta del matorral, para enterarme. Nuestro padre entró en la canoa y desamarró, para remar. Y la canoa comenzó a irse -su sombra igual como un yacaré, completamente alargada.

 

Nuestro padre no volvió. No se había ido a ninguna parte. Sólo realizaba la idea de permanecer en aquellos espacios del río, de medio en medio, siempre dentro de la canoa, para no salir de ella, nunca más. Lo extraño de esa verdad nos espantó del todo a todos. Lo que no existía ocurría. Parientes, vecinos y conocidos nuestros se reunieron en consejo.

 

Nuestra madre, avergonzada, se comportó con mucha cordura; por eso, todos habían pensado de nuestro padre lo que no querían decir: locura. Sólo algunos creían, no obstante, que podría ser también el cumplimiento de una promesa; o que nuestro padre, quién sabe, por vergüenza de padecer alguna fea dolencia, como es la lepra, se retiraba a otro modo de vida, cerca y lejos de su familia. Las voces de las noticias que daban ciertas personas -caminantes, habitantes de las riberas, hasta de lo más apartado de la otra orilla- decían que nuestro padre nunca se disponía a tomar tierra, ni aquí ni allá, ni de día ni de noche, de modo que navegaba por el río, libre y solitario. Entonces, pues, nuestra madre y nuestros parientes habían establecido que el alimento que tuviera, oculto en la canoa, se acabaría; y él, o desembarcaba y se marchaba, para siempre, lo que se consideraba más probable, o se arrepentía, por fin, y volvía a casa.

 

Se engañaban. Yo mismo trataba de llevarle, cada día, un poco de comida robada: la idea la tuve, después de la primera noche, cuando nuestra gente encendió hogueras en la ribera del río, en tanto que, a la luz de ellas, se rezaba y se le llamaba. Después, al día siguiente, aparecí, con dulce de caña, pan de maíz, penca de bananas. Espié a nuestro padre, durante una hora, difícil de soportar: solo así, él a lo lejos, sentado en el fondo de la canoa, detenida en la tabla del río. Me vio, no remó para acá, no hizo ninguna señal. Le mostré la comida, la dejé en el hueco de piedra del barranco, a salvo de alimaña y al resguardo de lluvia y rocío. Eso, que hice y rehice, siempre, durante mucho tiempo. Sorpresa que tuve más tarde: que nuestra madre sabía de ese mi afán, sólo que simulando no saberlo; ella misma dejaba, a la mano, sobras de comida, a mi alcance. Nuestra madre no era muy expresiva.

 

Mandó venir a nuestro tío, hermano de ella, para ayudar en la hacienda y en los negocios. Mandó venir al maestro, para nosotros, los niños. Le pidió al cura que un día se revistiera, en la playa de la orilla, para conjurar y gritarle a nuestro padre el deber de desistir de la loca idea. En otra ocasión, por decisión de ella, vinieron dos soldados. Todo lo cual no sirvió de nada. Nuestro padre pasaba de largo, a la vista o escondido, cruzando en la canoa, sin dejar que nadie se acercara a agarrarlo o a hablarle. Incluso cuando fueron, no hace mucho, dos periodistas, que habían traído la lancha y trataban de sacarle una foto, no habían podido: nuestro padre desaparecía hacia la otra banda, guiaba la canoa al brezal, de muchas leguas, el que hay, por entre juncos y matorrales, y sólo él lo conocía, palmo a palmo, en la oscuridad, por entonces.

 

Tuvimos que acostumbrarnos a aquello. Apenas, porque a aquello, en sí, nunca nos acostumbramos, de verdad. Lo digo por mí que, cuando quería y cuando no, sólo en nuestro padre pensaba: era el asunto que andaba tras de mis pensamientos. Lo difícil era, que no se entendía de ninguna manera, cómo él aguantaba. De día y de noche, con sol o aguaceros, calor, escarcha, y en los terribles fríos del invierno, sin abrigo, sólo con el sombrero viejo en la cabeza, durante todas las semanas, y meses y años -sin darse cuenta de que se le iba la vida. No atracaba en ninguna de las dos riberas, ni en las islas y bajíos del río; no pisó nunca más ni tierra ni hierba. Aunque, al menos, para dormir un poco, él amarrara la canoa en algún islote, en lo escondido. Pero no armaba una hoguerita en la playa, ni disponía de su luz ya encendida, ni nunca más rascó una cerilla. Lo que comía era un apenas; incluso de lo que dejábamos entre las raíces de la ceiba o en el hueco de la piedra del barranco, él recogía poco, nunca lo bastante. ¿No enfermaba? Y la constante fuerza de los brazos, para mantener la canoa, resistiendo, incluso en el empuje de las crecidas, al subir el río, ahí, cuando al impulso de la enorme corriente del río, todo forma remolinos peligrosos, aquellos cuerpos de bichos muertos y troncos de árbol descendiendo -de espanto el encontronazo. Y nunca más habló ni una palabra, con nadie. Tampoco nosotros hablábamos de él. Sólo se pensaba en él. No, de nuestro padre no podíamos olvidarnos; y si, en algunos momentos, hacíamos como que olvidábamos, era sólo para despertar de nuevo, de repente, con su recuerdo, al paso de otros sobresaltos.

 

Mi hermana se casó; nuestra madre no quiso fiesta. Pensábamos en él cuando comíamos una comida más sabrosa; así como, en el abrigo de la noche, en el desamparo de esas noches de mucha lluvia, fría, fuerte, nuestro padre con sólo la mano y una calabaza para ir achicando la canoa del agua del temporal. A veces, algún conocido nuestro notaba que yo me iba pareciendo a nuestro padre. Pero yo sabía que él ahora se había vuelto greñudo, barbudo, con las uñas crecidas, débil y flaco, renegrido por el sol y la pelambre, con el aspecto de una alimaña, casi desnudo, apenas disponiendo de las ropas que, de vez en cuando, le dejábamos.

 

Ni quería saber de nosotros, ¿no nos tenía cariño? Pero, por el cariño mismo, por respeto, siempre que, a veces, me elogiaban por alguna cosa bien hecha, yo decía: “Fue mi padre el que un día me enseñó a hacerlo así…”; lo que no era cierto, exacto, sino una mentira piadosa. Porque, si él no se acordaba más, ni quería saber de nosotros, ¿por qué, entonces, no subía o descendía por el río, hacia otros lugares, lejos, en lo no encontrable? Sólo él sabría. Pero mi hermana tuvo un niño, ella se empeñó en que quería mostrarle el nieto. Fuimos, todos, al barranco; fue un día bonito, mi hermana con un vestido blanco, que había sido el de la boda, levantaba en los brazos a la criaturita, su marido sostenía, para proteger a los dos, la sombrilla. Le llamamos, esperamos. Nuestro padre no apareció. Mi hermana lloró, todos nosotros lloramos allí, abrazados.

 

Mi hermana se mudó, con su marido, lejos de aquí. Mi hermano se decidió y se fue, a una ciudad. Los tiempos cambiaban, en el rápido devenir de los tiempos. Nuestra madre acabó yéndose también, para siempre, a vivir con mi hermana; ya había envejecido. Yo me quedé aquí, el único. Yo nunca pude querer casarme. Yo permanecí, con las cargas de la vida. Nuestro padre necesitaba de mí, lo sé -en la navegación, en el río, en el yermo-, sin dar razón de sus hechos. O sea que, cuando quise saber e indagué en firme, me dijeron que habían dicho que constaba que nuestro padre, alguna vez, había revelado la explicación al hombre que le había preparado la canoa. Pero, ahora, ese hombre ya había muerto; nadie sabría, aunque hiciera memoria, nada más. Sólo en las charlas vanas, sin sentido, ocasionales, al comienzo, en la venida de las primeras crecidas del río, con lluvias que no escampaban, todos habían temido el fin del mundo, decían que nuestro padre había sido elegido, como Noé, que, por tanto, la canoa él la había anticipado; pues ahora medio lo recuerdo. Mi padre, yo no podía maldecirlo. Y ya me apuntaban las primeras canas.

 

Soy hombre de tristes palabras. ¿De qué era de lo que yo tenía tanta, tanta culpa? Si mi padre siempre estaba ausente; y el río-río-río, el río – perpetuo pesar. Yo sufría ya el comienzo de la vejez -esta vida era sólo su demora. Ya tenía achaques, ansias, por aquí dentro, cansancios, molestias del reumatismo. ¿Y él? ¿Por qué? Debía padecer demasiado. De tan viejo, no habría, día más día menos, de flaquear su vigor, dejar que la canoa volcara o que vagara a la deriva, en la crecida del río, para despeñarse horas después, con estruendo en la caída de la cascada, brava, con hervor y muerte. Me apretaba el corazón. Él estaba allá, sin mi tranquilidad. Soy el culpable de lo que ni sé, de un abierto dolor, dentro de mí. Lo sabría -si las cosas fueran otras. Y fui madurando una idea.

 

Sin mirar atrás. ¿Estoy loco? No. En nuestra casa, la palabra loco no se decía, nunca más se dijo, en todos aquellos años, no se condenaba a nadie por loco. Nadie está loco. O, entonces, todos. Lo único que hice fue ir allá. Con un pañuelo, para hacerle señas. Yo estaba totalmente en mis cabales. Esperé. Por fin, apareció, ahí y allá, el rostro. Estaba allí, sentado en la popa. Estaba allí, a un grito. Le llamé, unas cuantas veces. Y hablé, lo que me urgía, lo que había jurado y declarado, tuve que levantar la voz: “Padre, usted es viejo, ya cumplió lo suyo… Ahora, vuelva, no ha de hacer más… Usted regrese, y yo, ahora mismo, cuando ambos lo acordemos, yo tomo su lugar, el de usted, en la canoa…”. Y, al decir esto, mi corazón latió al compás de lo más cierto.

 

Él me oyó. Se puso en pie. Movió el remo en el agua, puso proa para acá, asintiendo. Y yo temblé, con fuerza, de repente: porque, antes, él había levantado el brazo y hecho un gesto de saludo -¡el primero, después de tantos años transcurridos! Y yo no podía… De miedo, erizados los cabellos, corrí, huí, me alejé de allí, de un modo desatinado. Porque me pareció que él venía del Más Allá. Y estoy pidiendo, pidiendo, pidiendo perdón.

 

Sufrí el hondo frío del miedo, enfermé. Sé que nadie supo más de él. ¿Soy un hombre, después de esa traición? Soy el que no fue, el que va a quedarse callado. Sé que ahora es tarde y temo perder la vida en los caminos del mundo. Pero, entonces, por lo menos, que, en el momento de la muerte, me agarren y me depositen también en una canoíta de nada, en esa agua que no para, de anchas orillas; y yo, río abajo, río afuera, río adentro -el río.

 

Tomado de:
cuentosimperdibles

 

Ilustración tomada de:
Migala.mx

 

19 Febrero 2015

Cuando un maestro o profesor nos exige más, rendimos más. Un alto nivel de exigencia nos puede llevar a superar nuestros límites para llegar a un nivel que nunca antes imaginamos.

 

La película Whiplash (2014) con su excelente realización y actuaciones expone un dilema esencial para la educación: ¿Hasta cuándo es adecuado exigirle a un alumno? ¿se logra más con una enseñanza amorosa y comprensiva o con una exigente y competitiva?.

 

Un film muy recomendable, que ya se encuentra en el lugar Nº 38 del ranking de las 250 mejores películas de la historia de imdb, y que obviamente merece ser vista.

 

Una cinta precisa, que dura justo lo necesario y que además tiene una excelente banda sonora.

 

Disponible en popcorn time

 

y aquí está disponible para verla en línea, en idioma original subtitulada al español

18 Febrero 2015

 

Algunos usan drogas y otros simplemente recurren al natural estado de contemplación, que debiera ser parte del repertorio conductual de todo ser humano. Lo importante es, de vez en cuando, darse la oportunidad de quedarse pegado, de contemplar más allá de la vista, más allá del oído, más allá del olfato, del gusto y del tacto: Contemplar con todo el ser. Quedarse completamente pegado. Aunque sea por un rato.

 

No se quién es Hexeosis -en su tumblr dice que la palabra proviene de la combinación de Hexagono y Apoteosis- pero cada día publica bellos gif animados de figuras en movimiento. Como estas:

 

tumblr n50x5yoj3I1sb5osho1 500

 

tumblr nayckcTuZo1sb5osho1 500

 

Y hace un par de semanas publicó esta interesante combinación de animaciones con música. Ideal para quedarse pegado.

 

See hear party : music + gifs

Espero que lo disfruten

Saludos,

J. Cristóbal Juffe V.

16 Febrero 2015

Desde hace años que he deseado que agreguen esta función a los navegadores. Lo pedí en los foros de desarrollo de Firefox y de Google Chrome y la respuesta fue siempre: No se puede. Sin embargo, el tiempo pasa, las tecnologías evolucionan, los sistemas cambian, y tal como ahora casi todos los sistemas operativos permiten manejar el volumen de sonido de las aplicaciones por separado, ahora finalmente se puede desactivar el sonido de una pestaña en Google Chrome.

 

Muchas veces estamos escuchando música en Youtube o Grooveshark y nos metemos a un sitio que tiene algún tipo de sonido (por ejemplo un juego) que se suma a la música y hace que el sonido sea incomprensible y desagradable.

 

Desde hace un par de versiones el navegador Google Chrome nos muestra el ícono de un parlante al lado derecho de una pestaña que está emitiendo sonido, facilitando la detección del origen del sonido no-deseado, lo que nos permitía activar la pestaña y buscar el control de sonido del sitio molesto para poder apagarlo.

 

 

Ahora, podemos silenciar las pestañas con un solo paso, presionando sobre el ícono del parlante o con el botón derecho y seleccionando “silenciar pestaña”.

 

Lamentablemente esta opción no viene activada por defecto, por lo que para activarla debemos seguir dos sencillos pasos:

1 - Escribir en la barra de direcciones de Google Chrome (o copiar y pegar):
chrome://flags/#enable-tab-audio-muting

2- Y luego en la opción:
“Habilitar control de interfaz de usuario para silenciar el audio de las pestañas”
Presionar sobre “habilitar”.

 

La función estará disponible la próxima vez que inicies Google Chrome (ojo que si cierras todas las ventanas Chrome sigue funcionando generalmente, hay que cerrarlo desde la barra de notificaciones o reiniciar el computador).

 

Espero que les sirva.

Saludos,
J. Cristóbal Juffe V.

 

Visto en:
Microsiervos.com

05 Junio 2015

Cada historia conocida tiene un fin para marcar el término, sin embargo, ninguna historia termina realmente ahí, ya que a todas les queda un último final: La muerte. Un cuento sobre ese episodio, tan misterioso, tan cotidiano y -sin duda- inevitable.

 

Las moscas

Horacio Quiroga

 

Al rozar el monte, los hombres tumbaron el año anterior este árbol, cuyo tronco yace en toda su extensión aplastado contra el suelo. Mientras sus compañeros han perdido gran parte de la corteza en el incendio del rozado, aquél conserva la suya casi intacta. Apenas si a todo lo largo una franja carbonizada habla muy claro de la acción del fuego.
Esto era el invierno pasado. Han transcurrido cuatro meses. En medio del rozado perdido por la sequía, el árbol tronchado yace siempre en un páramo de cenizas. Sentado contra el tronco, el dorso apoyado en él, me hallo también inmóvil. En algún punto de la espalda tengo la columna vertebral rota. He caído allí mismo, después de tropezar sin suerte contra un raigón. Tal como he caído, permanezco sentado -quebrado, mejor dicho- contra el árbol.

 

Desde hace un instante siento un zumbido fijo -el zumbido de la lesión medular- que lo inunda todo, y en el que mi aliento parece defluirse. No puedo ya mover las manos, y apenas uno que otro dedo alcanza a remover la ceniza.

 

Clarísima y capital, adquiero desde este instante mismo la certidumbre de que a ras del suelo mi vida está aguardando la instantaneidad de unos segundos para extinguirse de una vez.

 

Esta es la verdad. Como ella, jamás se ha presentado a mi mente una más rotunda. Todas las otras flotan, danzan en una como reverberación lejanísima de otro yo, en un pasado que tampoco me pertenece. La única percepción de mi existir, pero flagrante como un gran golpe asestado en silencio, es que de aquí a un instante voy a morir.

 

¿Pero cuándo? ¿Qué segundos y qué instantes son éstos en que esta exasperada conciencia de vivir todavía dejará paso a un sosegado cadáver?

 

Nadie se acerca en este rozado: ningún pique de monte lleva hasta él desde propiedad alguna. Para el hombre allí sentado, como para el tronco que lo sostiene, las lluvias se sucederán mojando corteza y ropa, y los soles secarán líquenes y cabellos, hasta que el monte rebrote y unifique árboles y potasa, huesos y cuero de calzado.

 

¡Y nada, nada en la serenidad del ambiente que denuncie y grite tal acontecimiento! Antes bien, a través de los troncos y negros gajos del rozado, desde aquí o allá, sea cual fuere el punto de observación, cualquiera puede contemplar con perfecta nitidez al hombre cuya vida está a punto de detenerse sobre la ceniza, atraída como un péndulo por ingente gravedad: tan pequeño es el lugar que ocupa en el rozado y tan clara su situación: se muere.

 

Esta es la verdad. Mas para la oscura animalidad resistente, para el latir y el alentar amenazados de muerte, ¿qué vale ella ante la bárbara inquietud del instante preciso en que este resistir de la vida y esta tremenda tortura psicológica estallarán como un cohete, dejando por todo residuo un ex hombre con el rostro fijo para siempre adelante?

 

El zumbido aumenta cada vez más. Ciérnese ahora sobre mis ojos un velo de densa tiniebla en que se destacan rombos verdes. Y en seguida veo la puerta amurallada de un zoco marroquí, por una de cuyas hojas sale a escape una tropilla de potros blancos, mientras por la otra entra corriendo una teoría de hombres decapitados.

 

Quiero cerrar los ojos, y no lo consigo ya. Veo ahora un cuartito de hospital, donde cuatro médicos amigos se empeñan en convencerme de que no voy a morir. Yo los observo en silencio, y ellos se echan a reír, pues siguen mi pensamiento.

 

-Entonces -dice uno de aquéllos -no le queda más prueba de convicción que la jaulita de moscas. Yo tengo una.

 

-¿Moscas?…

 

-Sí -responde-, moscas verdes de rastreo. Usted no ignora que las moscas verdes olfatean la descomposición de la carne mucho antes de producirse la defunción del sujeto. Vivo aún el paciente, ellas acuden, seguras de su presa. Vuelan sobre ella sin prisa mas sin perderla de vista, pues ya han olido su muerte. Es el medio más eficaz de pronóstico que se conozca. Por eso yo tengo algunas de olfato afinadísimo por la selección, que alquilo a precio módico. Donde ellas entran, presa segura. Puedo colocarlas en el corredor cuando usted quede solo, y abrir la puerta de la jaulita que, dicho sea de paso, es un pequeño ataúd. A usted no le queda más tarea que atisbar el ojo de la cerradura. Si una mosca entra y la oye usted zumbar, esté seguro de que las otras hallarán también el camino hasta usted. Las alquilo a precio módico.

 

¿Hospital…? Súbitamente el cuartito blanqueado, el botiquín, los médicos y su risa se desvanecen en un zumbido…

 

Y bruscamente, también, se hace en mí la revelación. ¡Las moscas!

 

Son ellas las que zumban. Desde que he caído han acudido sin demora. Amodorradas en el monte por el ámbito de fuego, las moscas han tenido, no sé cómo, conocimiento de una presa segura en la vecindad. Han olido ya la próxima descomposición del hombre sentado, por caracteres inapreciables para nosotros, tal vez en la exhalación a través de la carne de la médula espinal cortada. Han acudido sin demora y revolotean sin prisa, midiendo con los ojos las proporciones del nido que la suerte acaba de deparar a sus huevos.

 

El médico tenía razón. No puede ser su oficio más lucrativo.

 

Mas he aquí que esta ansia desesperada de resistir se aplaca y cede el paso a una beata imponderabilidad. No me siento ya un punto fijo en la tierra, arraigado a ella por gravísima tortura. Siento que fluye de mí como la vida misma, la ligereza del vaho ambiente, la luz del sol, la fecundidad de la hora. Libre del espacio y el tiempo, puedo ir aquí, allá, a este árbol, a aquella liana. Puedo ver, lejanísimo ya, como un recuerdo de remoto existir, puedo todavía ver, al pie de un tronco, un muñeco de ojos sin parpadeo, un espantapájaros de mirar vidrioso y piernas rígidas. Del seno de esta expansión, que el sol dilata desmenuzando mi conciencia en un billón de partículas, puedo alzarme y volar, volar…

 

Y vuelo, y me poso con mis compañeras sobre el tronco caído, a los rayos del sol que prestan su fuego a nuestra obra de renovación vital.

 

Tomado de:
Ciudad Seva

Usuarios Online

  • No one available at the moment.