Último Minuto
FIN DEL PLAZO --> Ampliación postulación ... - Martes, 21 Noviembre 2017 15:34
Postula al Programa Institucional de ... - Miércoles, 22 Noviembre 2017 15:26
​Seminario en liderazgo y Comunicación ... - Viernes, 10 Noviembre 2017 11:19
Psicología UTA: Información ... - Jueves, 09 Noviembre 2017 11:57
V Feria Laboral - Jueves, 09 Noviembre 2017 11:29
YVES SIOUI - Artista Indígena Canadiense ... - Domingo, 05 Noviembre 2017 17:48
Conversatorio candidatos Parlamentarios ... - Martes, 24 Octubre 2017 13:48
Ps. Aprendizaje: Entrega Notas II Control - Lunes, 23 Octubre 2017 16:12
Postulación: Prácticas profesionales - Martes, 17 Octubre 2017 13:52
Proceso de eliminación de asignaturas, ... - Lunes, 16 Octubre 2017 10:23

uta del estado vertical-01

A.A.C. Lic. en Lenguaje y Comunicación

cuva fondo naranja3
videos


logo instagram






Los Mejores Poemas Chilenos de los Últimos Años (Parte I) Destacado

Escrito por 
Published: 06 Abril 2016
3724 veces Modificado por última vez en Viernes, 01 Abril 2016 10:05
Valora este artículo
(19 votos)
Los Mejores Poemas Chilenos de los Últimos Años (Parte I) http://www.amanuta.cl/
Comunidad,
En un país de poetas, no podía faltar una actualizada selección en esta semana :)
 
Es así como un grupo de especialistas integrado por académicos, poetas y antologadores aceptó el desafío de elegir los cinco mejores poemas aparecidos entre 1999 y 2009. El resultado: una gran diversidad de voces, generaciones y miradas.

Por Pedro Pablo Guerrero

Fue este ejercicio el que propusimos a críticos, profesores de literatura, académicos de la lengua, poetas y antologadores. Cada uno eligió los que, a su juicio, son los cinco mejores poemas chilenos publicados entre 1999 y 2009. Una cantidad y un lapso arbitrarios, pero lo suficientemente amplios para apreciar escenarios de continuidad y renovación. Algunos encuestados aceptaron el desafío aun mayor de escoger el texto más logrado de los cinco. Otros no llegaron a tanto. Las respuestas evidencian una dispersión que confirma la diversidad característica de la tradición poética chilena. Y aunque la encuesta indaga por textos y no por autores, dos nombres se repiten: Rosabetty Muñoz (dos poemas) y Oscar Hahn (tres poemas). Otros son un auténtico hallazgo; todavía una apuesta, en algunos casos.


GONZALO CONTRERAS
Poeta, autor de la antología “Poesía Chilena desclasificada”

1.“El arte de la elegía”, de Rafael Rubio (Luz Rabiosa, Camino del Ciego, 2007
2.“Arte Poética”, de Lila Calderón (Poéticas de Chile, Editorial Étnika, 2007)
3.“Torres Gemelas”, de Oscar Hahn (En un abrir y cerrar de ojos, Visor, 2006)
4.“No! [o las categorías visuales de la gloria trágica 0], de Héctor Hernández

 

(NO, Ediciones del Temple, 2001)
5.“Poética” de Piero Montebruno (Poéticas de Chile, Étnika, 2007)

Elijo “El arte de la elegía” por sobre todos los demás. Es un poema extraordinario. Por la original forma –ironía mediante- de reciclar un motivo tan difícil de abordar. Por la claridad conceptual que tiene el oficio del poeta. Por su capacidad crítica, aguda e implacable. Una lección de alta poesía. Un poema a la altura del lisboeta Pessoa”.

EL ARTE DE LA ELEGÍA
Rafael Rubio

Todo consiste en llegar al justo término
y después, dar a luz la voz: dejar
que se complete la muerte. Nadie va
a lamentar una metáfora imprecisa
ni un epíteto infeliz, cuando la muerte
está viva en el poema.
Todo estriba
en simular que nos duele la muerte.
Sólo eso: hacer creer que nos aterra
morir o ver la muerte. Imprescindible
elegir una víctima que haga
las veces de un destinatario: el padre
o el abuelo o el que fuere, con tal
que su muerte haya sido lo bastante
ejemplarizadora como para
justificar una ira sin nombre. Impostarás
la voz hasta que se confunda con
el ciego bramido de una bestia. Así
infundirás piedad en tu lector.
Recomendable el terceto pareado si se quiere
seguir la tradición del abandono, leerás
la elegía de Hernández a Ramón Sijé
o la que en don Francisco de Quevedo, maestro
en el arte de la infamia versificada
inmortalizara a fulano de tal.
Debe ser
virtuoso el uso del encabalgamiento:
echar mano a aliteraciones de grueso calibre
para reproducir la onomatopeya del desamparo
que la elegía debe –aunque no pueda– sugerir.
El uso de la rima debe ser implacable:
el primero con el tercero, consonante
con perfecta –aunque engañosa– simetría.
(El segundo con el primero del terceto
siguiente, encadenados, como están
ayuntados los bueyes de la angustia
en los vastos potreros del poema)
Importa sobre todo, la verosimilitud de
tu desgarro y no el desgarro mismo:
el dolor puede ser de utilidad
siempre y cuando no atente contra la
rigurosidad del edificio
el templo del poema debe estar
sostenido por los números. Sólo eso
será garantía de profundidad
si se quiere atraer la compasión

de un lector habituado al verso libre.
No importa la belleza. La verdad
será requisito indispensable
a la hora de urdir una elegía
que merezca el prestigio de la muerte
o la inclusión gozosa y dolorosa
en el canon de la nueva poesía española.
Deberás entender a fin de cuentas
que el poema no es más que un ejercicio:
no va a hacer que se levanten los muertos
ni hará que tu padre retorne
del oscuro país de los dormidos
porque ya no habrá país del que volver
ni esperanza tampoco, ni poema.

Evitarás el troqueo, como quien
huye de si mismo.
El ritmo yámbico
será recomendable en estos casos
siempre cuando haya unidad de fondo y forma.
Repartirás los acentos de tal modo
de sugerir la solemnidad mas aplastante
el ritmo de una marcha funeraria

o el réquiem de Mozart, por ejemplo:
tarea en extremo dificultosa
si se tiene el oído acostumbrado
al vicio del martillo o del tambor.
El dolor es un lujo que muy pocos
pueden permitirse. Y si es así
que no sea sino un vulgar pretexto
para erigir el templo del poema: un
edificio cuyo lujo te avergüenza
ha de ocultar las ruinas sobre las que
se sostiene:
palabras que desprecia el albañil.
El oficio
se ejerce en la oscuridad o en el abismo
o en una mesa de disección.
No habrá de ser
de otra manera la escritura, si se quiere
ver la muerte morir en el poema.
Si hablas de tu padre será con rencor
y no con el barato lloriqueo
de los pobres de espíritu. Odiarás
con honda intensidad lo que te quede
de él en la memoria. No es
imprescindible que el mundo se entere
de tu ruina pringosa, pero si
el poema lo requiere así, confiésalo
pero que sea solo una vez:
de tu dolor da cuenta tu silencio.
Arrasarás con todo lo que obstruya
la lectura fluida del poema,
entenderás, al cabo, que el silencio
es la onomatopeya de la muerte,
has de darle lugar en la elegía. Así
evitarás la asfixia de lector.
Has de expulsar los ripios, con un látigo:
no entrarán en el templo de tu padre
fariseos ni ciegos mercaderes
de la palabrería.
Barrerás
con todo lo que no contribuya
al despliegue lujoso de la retórica
y lo demás entrégalo a los perros.
Entenderás por fin que una elegía
es cosa de vida o muerte.
O bien, al menos
te será un sustituto del suicidio.
En el arte del corte de los versos
es maestra la muerte.
Deberás
aprender de ella, si pretendes
que tu elegía sea ejemplar:
un asunto tan delicado como la muerte
requiere tal manejo del oficio
que sería necesario la inmortalidad
para aprenderlo con éxito o morir.
No podrás desasirte del peso de una larga
tradición familiar en el oficio
(Padre, espíritu santo, santo, santo
el hijo: ni un gargajo moribundo
del talento del abuelo. Ni un terceto

construido con el mínimo sentido
de la musicalidad: una vergüenza)
Ni de las taras impuestas por tus malas lecturas
de la poesía del siglo de oro español.
Si escribes de tu padre que sea con violencia:
lo matarás de nuevo en tu elegía
no de otro modo lograrás el beneplácito
de la palabra habituada al abandono.
Que no tendrás sosiego mientras dure
la escritura del poema. Así de grave

y cojonudo el arte de escribir
sobre la piel de un cadáver.
Sólo quien
ve la muerte de su padre, podrá dar
notable fin a una elegía.
(como éste)
¡Un remate que haga remorderse de envidia
-en su tumba-
a Quevedo, a Fray Luis, a Garcilaso!


BRUNO CUNEO
1. "Guiados por la inercia de la edad", de Juan Cristóbal Romero ( Rodas , Tácitas, 2008)
2. "Paseo", de Cristóbal Joannon ( Tabula Rasa , Tácitas, 2005)
3. "Metafísico sin causa", de Virgilio Rodríguez ( De ocio y cielo , Beuvedrais, 2007)
4. "Mudanza (I)", de Alejandro Zambra ( Mudanza , Tácitas, 2003)
5. "Yacente", de Gonzalo Millán ( Autorretrato de memoria , UDP, 2005)

 


"Me niego a justificar solamente uno, detesto las listas (blancas o negras) y me parece pedante Harold Bloom. Un buen poema, según creo, es un artefacto capaz de poner en palabras -agrupadas de manera cada vez única, inédita y fascinante- la experiencia de nuestro contacto efectivo con lo efímero del mundo y con los oscuros poderes que gobiernan nuestra existencia. Todos los poemas que he nombrado satisfacen para mí esa condición y me han otorgado alguna vez la 'emoción de un reconocimiento': la emoción de descubrir mis intereses y sentimientos más legítimos, para los que yo mismo no había encontrado las palabras. Baste por ahora con esto".



GUIADOS POR LA INERCIA DE LA EDAD
Juan Cristóbal Romero



Las cosas son recuerdos de sí mismas.
Y sus nombres se extienden hacia nuevas
acepciones, de cuyas existencias
no somos advertidos sino al tiempo
que el nombre ya está muerto para el alma.
Una ventana no es una ventana:
un hoyo en la pared a media altura
reducido a su exacta utilidad.
El techo: un mar de naipes que amenazan,
al primer sobresalto, derrumbarse.
Casas siamesas, plantas de interior,
jardines con sus árboles talados
de blanco –signo de higiene y ornato–
en un torcido gesto, casi bello
o a lo menos sedante para el tipo
que no resiste tanta realidad.
Esto sería lo más conveniente:
que los días se lean a sí mismos
en el lenguaje de la adolescencia.
Fuimos sacados de contexto. Juego
de frases, donde no hay palabras falsas
ni correctas, sino mal entendidas.
Qué me pediste y no te di, que sales
con que te debo un tercio de la vida.
La palabra empeñada se reclama
con un sentido nuevo, tan distinto
de lo que alguna vez se pretendió.
Hicimos lo que hicimos sin medir
las consecuencias, todo lo veremos
en el camino, me dijiste, presa
de no sé qué fantástico optimismo.
Y confié, más guiado por la inercia
de la edad, el ejemplo y esos prácticos
usos, que por la propia voluntad.
Los nombres de las cosas son menciones
de cualquier cosa, menos de sí mismas.
Sólo podemos encontrar palabras
para lo que está muerto ya en el alma.

Juan Cristóbal Romero (1974) es autor de Marulla (2003), Libro Segundo de las Cartas de Horacio (2006) y Rodas (2008).

 

fuente: http://deluisa.blogspot.cl/

Usuarios Online

  • No one available at the moment.