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Cuento: Las puertas del cielo

Escrito por 
Published: 19 Diciembre 2014
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De los múltiples infiernos y cielos posibles, el que me acompañó, en mi imaginario, durante mi infancia fue el de los católicos. Por suerte mi familia y mi escuela -a pesar de ser católica- no eran demasiado extremos en sus posturas y nunca me dijeron “te vas a ir a infierno por tus pecados” ni nada así.

 

Luego, cerca del cambio de milenio, el Papa Juan Pablo II dijo “El infierno, más que un lugar, indica la situación en que llega a encontrarse quien libre y definitivamente se aleja de Dios, manantial de vida y alegría” para luego ser contradicho por el Papa Benedicto XVI quien señaló “El infierno existe y no está vacío”. A pesar de que hay varias noticias que hablan del Papa Francisco refiriéndose al infierno, estas son falsas, así que la postura oficial, al parecer, sigue siendo la de Benedicto.

 

Yo, por el momento, creo más en la postura de este cuento:


Las puertas del cielo

Cuento Budista Zen

 

Un guerrero, un samurai, fue a ver al Maestro Zen Hakuin y le preguntó: "¿Existe el infierno? ¿Existe el cielo? ¿Dónde están las puertas que llevan a ellos? ¿Por dónde puedo entrar?".

 

Era un guerrero sencillo. Los guerreros siempre son sencillos, sin astucia en sus mentes, sin matemáticas. Sólo conocen dos cosas: la vida y la muerte. El no había venido a aprender ninguna doctrina; sólo quería saber dónde estaban las puertas, para poder evitar la del infierno y entrar en el cielo. Hakuin le respondió de una manera que sólo un guerrero podía haber entendido:

 

- "¿Quién eres?", le preguntó Hakuin.

 

- "Soy un samurai", le respondió el guerrero. En Japón, ser un samurai es algo que da mucho prestigio. Quiere decir que se es un guerrero perfecto, un hombre que no dudaría un segundo en arriesgar su vida. "Soy un samurai, un jefe de samuráis. Hasta el Emperador mismo me respeta", dijo.

 

Hakuin se rió y contesto:

- "¿Un samurai, tú? Pareces un mendigo".

 

El orgullo del samurai se sintió herido y olvidó para qué había venido. Saco su espada y ya estaba a punto de matar a Hakuin cuando éste le dijo: "Esta es la puerta del infierno. Esta espada, esta ira, este ego, te abren la puerta".

 

Esto es lo que un guerrero puede comprender. Inmediatamente el samurai entendió. Puso de nuevo la espada en su cinto y Hakuin dijo: “Aquí se abren las puertas del cielo".

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