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Cuento: La camisa del hombre feliz Destacado

Escrito por 
Published: 01 Diciembre 2015
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En los últimos años, sobretodo gracias a la psicología positiva, la definición de felicidad se ha modificado, reconociendo la felicidad más allá de la sensación subjetiva de bienestar. Claramente, la felicidad como objetivo de vida y de desarrollo es y será un tema de larga discusión.

Un cuento sobre la felicidad.

La camisa del hombre feliz

por María Teresa Andruetto

La historia que voy a contarles sucedió hace muchísimos años en el corazón de Siam.

Siam es la tierra donde viven los tai.

Una tierra de arrozales atravesada por las aguas barrosas del Menam.

Hace muchísimos años, el Rey de los tai se llamaba Ananda.

Ananda tenía una hija. La princesa Nan.

Y Nan estaba enferma. Languidecía.

Ananda, que era un rey poderoso y amaba a su hija, consultó a los sabios del reino.

Y los sabios más sabios del reino dijeron que la princesa Languidecía de aburrimiento.

-¿Qué la puede curar? -preguntó el Rey con la voz en un temblor.

- Par sanar -contestaron los sabios-, deberá ponerse la camisa de un hombre feliz.

- ¡Qué remedio tan sencillo! -suspiró aliviado el Rey.

Y ordenó a su asistente que fuera a buscar al primer hombre feliz que encontrara, para pedirle la camisa.

El asistente salió a buscar.

Recorrió uno a uno los enormes salones del palacio.

Habitaciones tapizadas de esteras.

Adornadas con paños de seda colorida.

Aromosas a sándalo.

Y regresó sorprendido adonde estaba el Rey.

-Señor mío - le dijo-, he recorrido los salones de todo el palacio y no he encontrado hombre alguno que fuera feliz.

El rey, más sorprendido aún, mandó a llamas a todos sus servidores y les ordenó que recorrieran el reino de parte a parte.

De Norte a Sur.

De Este a Oeste.

Hasta encontrar a un hombre que fuera feliz y pedirle la camisa.

Los servidores recorrieron reino de parte a parte.

Buscaron entre los tai más honorables.

Pero no había entre los tai más honorables, hombres felices.

Buscaron entre los escribas, cultos y sensibles.

Pero no había entre los escribas, hombres felices.

Entonces buscaron entre los trabajadores de seda.

Entre los trenzadores de bambú.

Entre los sembradores de adormideras.

Entre los fabricantes de barcazas.

Entre los pescadores de ostras.

Entre los campesinos sencillos.

Pero entre todos ellos no había un solo hombre que fuera feliz.

Hasta que llegaron al último pantano del reino y le preguntaron al más pobre de los arroceros:

-En nombre del Rey y Nuestro Señor, dinos si en verdad eres feliz.

El más pobre de los arroceros contestó que sí, y los servidores de Ananda le pidieron la camisa.

Pero él no tenía camisa.

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